Un instituto con mucha química

“Usa lo que sabes de ciencia para tomar tus propias decisiones”, es el rotundo mensaje que María José Ruíz ha lanzado en el IES Carlos III, de Toledo,  en el estreno en centros educativos de nuestra iniciativa de divulgación y fomento de la cultura científica. La chef ha deleitado al personal con uno de sus platos estrella, ‘Sin química por favor’, degustado por un grupo de profesores y  de alumnos de Bachillerato preocupados por el consumo de aceite de palma o el abuso de edulcorantes.

Sin química, por favor

“Te están contando que todo lo natural es mejor, que todos los aditivos de cualquier tipo son malos y que las sustancias de síntesis solo son aceptables en el ámbito sanitario”. Empezamos mal, “porque todo es química”.

Alimentación, cosmética, medicina… ¿estamos sobrevalorando el término ‘natural’? Ante el perplejo auditorio, más contundencia: “Creemos que el agua embotellada es más sana y lo que estamos generando es un problema ambiental por acumulación de plásticos”.

Los mensajes publicitarios confunden, el marketing nos ha hecho apostar por alimentos “sin porquerías”. Hemos desarrollado fobia a la letra E cuando precede a un número. Y sin embargo, es un indicio de seguridad porque indica que ha sido comprobado científicamente que su ingesta no es perjudicial para la salud: “Es mucho mejor ver una buena colección de E en la composición de un alimento que solo los nombres químicos, que a la población general no le dicen nada”.

Ante la apuesta colectiva por la medicina natural, ¿es sostenible la producción de un anticancerígeno como el taxol sacrificando la población mundial de tejos? ¿Qué tiene de malo sintetizar cisplatino? Se impone “un buen diseño de síntesis que permita obtener compuestos sin destrozar el entorno. O encontrar alternativas de síntesis pura que funcionan igual de bien y son más baratas”.

Rechazamos la química, pero demandamos anestesia cuando vamos al dentista; sin química, nunca podremos resolver los persistentes problemas de contaminación ambiental y tendríamos que volver a la era pretecnológica. Un alegato defensivo que secundan las palabras de Rajendra K. Pachauri, Nobel de la Paz cuando presidía el Grupo de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), al afirmar que la química “es fundamental para alcanzar los objetivos del milenio y por tanto para contribuir con sus avances al bienestar de la Humanidad: alimentar a la población, abastecerla de agua y energía y preservar el medio ambiente”.

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