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En el Día Internacional de la Mujer, la Asociación de Mujeres La ilusión, de Palomeque (Toledo), recibió a la chef Susana Seseña, tecnóloga de alimentos, para compartir con ella un ágape colectivo que destacó la presencia de fermentados en la dieta mediterránea.

La charla maridó con una apetitosa degustación en la que poner en práctica lo aprendido. Atención,  que Susana reedita el 3 de mayo en la Biblioteca de Castilla-La Mancha.

Y la víspera…

A la Biblioteca de Castilla-La Mancha volvimos para servir la segunda charla del menú ‘Maridajes cuánticos’, procesada con amor por la química María José Ruiz bajo el título ‘¿Sueñan las niñas con ser científicas?’. Esta intervención estuvo enmarcada en FEM18, un programa de actividades diseñado por el Ayuntamiento de Toledo para celebrar el Día Internacional de la Mujer.

Para la ocasión, salteó datos publicados en Science y el Informe Pisa, rehogó cifras sobre la presencia femenina en la Universidad y coció al vapor evidencias sobre las circunstancias que relegan a las mujeres bajo el tristemente célebre techo de cristal.

Niños y niñas comparten sueños, pero en el entorno de los seis años las niñas ya se creen más cualificadas para los juegos de esfuerzo que para los de inteligencia. Comienza un sesgo que no cesa y que se agudiza en la adolescencia, cuando confiesan ansiedad ante las carreras de ciencias. Si no la sienten o logran vencerla, en ciencias y técnicas obtienen iguales o mejores resultados que los varones, tanto en grado como en máster. Sin embargo, al abrazar la carrera investigadora llega un momento en que dan un paso atrás y solo algunas, muy pocas, llegan a ocupar cargos de responsabilidad en la Universidad o en la empresa privada.

Otro hecho constatable es que las mujeres en ciencias optan mayoritariamente por titulaciones sanitarias o que tienen que ver con el cuidado. En cualquiera de los ámbitos del conocimiento tienen que afrontar, además del sesgo, el machismo, una patología social que persiste a pesar de la formación, de la voluntad y de los nuevos tiempos.

María José fue una niña de Socuéllamos que no sabía lo que era una científica. Ahora, que es también muchas otras cosas, reclama referentes educativos para luchar contra el sesgo, políticas transversales para anular el machismo y cultura científica para combatir la ignorancia. Y de postre, arropada por afirmaciones de conocidas investigadoras como Margarita Salas o María Blasco, defiende que las niñas y los niños parten de una misma capacidad. “Solo hemos de ocuparnos de que no pierdan la confianza por el camino…”.

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